Los texanos hicieron una apuesta todavía más fuerte que la temporada pasada y empezaron a jugar sin pivote. ¿Acierto o error?

Daryl Morey es el gerente general de los Houston Rockets desde la temporada 2006-07. Desde entonces logró 10 clasificaciones a los Playoffs, dos apariciones en las finales de conferencia (2015 y 2018), mientras que en los trece años siempre tuvo un récord positivo, lo que le hizo no bajar del noveno puesto del oeste.

Su éxito llegó a través de su anterior trabajo: el análisis estadístico exhaustivo. A través de una teoría Morey planteó que el peor tiro era el de media distancia ya que era el peor en la relación riesgo-beneficio, entendiendo el riesgo como la proximidad al aro y la dificultad para acertar este lanzamiento. Así, en conjunto con toda la organización, forjó una identidad de juego bastante particular, muy valorada por muchos y muy criticada por otros.

Esta teoría la fue tomando el resto de la NBA, que en la última década tuvo una marcada tendencia a no tomar los ‘dobles largos’. Sin embargo, Morey decidió dar varios pasos hacia delante a lo largo del último mercado.

Primero, luego de los cruces entre Chris Paul y James Harden por la falta de movimiento de pelota como la lentitud del juego, Morey decidió hacer una fuerte apuesta. Traspasó a Paul a Oklahoma a cambio de Russell Westbrook en pos de tener una ofensiva más versátil, alejando a Harden de la transición y dándole al ex Thunder la chance de golpear gracias a su velocidad, como también ‘llenarse’ de asistencias ante el acompañamiento de tiradores efectivos.

Si bien la duda pasó por cómo se llevarían Westbrook y Harden a la hora de los momentos definitorios, el cambio benefició a los Rockets. El base registró 27,5 puntos por partido, lo que es su mejor marca desde la histórica 2016-17 (con 31,6, promedió un triple-doble por encuentro), mientras que apenas bajó su número de rebotes (de 11,1 a 8,0) y asistencias (10,7 a 7,0), en gran medida porque le pidieron que tuvieron una mentalidad anotadora.

Sin embargo, la apuesta realmente significativa se dio sobre el cierre del mercado de traspasos. Houston traspasó a Clint Capela a los Atlanta Hawks en un movimiento a cuatro bandas que lo dejó sin el pivote tradicional, adoptando un estilo de juego nunca antes visto en la historia de la NBA. A esto se lo conoció como ‘Micro Ball’.

Desde el cambio de Capela, los Rockets atravesaron tres rachas. Primero, registraron dos derrotas en fila, una abultada ante los Suns y otra ajustada ante el Jazz. Luego, ganaron los seis partidos siguientes, incluyendo un festejo en la cancha de los Celtics.

Aquella victoria parecía marcarlos como invencibles, pero luego vinieron cuatro derrotas dolorosas, tres de ellas ante equipos irregulares como Knicks, Hornets y Magic, y una abultada en Houston frente a los Clippers. Finalmente, el martes 10 de diciembre le ganaron a Minnesota por 117-111 en lo que fue su último juego antes de la suspensión por el Coronavirus.

Así, la franquicia cerró con una marca de 40-24, un registro de 8-6 desde el traspaso de Capela y un sexto lugar en el oeste que los emparejaba con los Denver Nuggets en la primera ronda de la postemporada.

Ataque

Foto: El Confidencial.

Houston plantó un quinteto inicial con sus dos estrellas en el perímetro, Danuel House Jr como alero, mientras que el tándem de Robert Covington y P.J. Tucker pasó a ser la ‘dupla interna’. Con tres aleros, dos guardias y cinco jugadores capaces de golpear a través del triple, la idea de jugar con cinco jugadores abiertos en el perímetro cayó de maduro.

El spacing (espacio entre atacantes) también llevó a marcar cuál era la principal vía de ataque: la penetración. El dúo ex Thunder condujo la ofensiva, mientras que las presencias de Covington y Tucker en las esquinas complicaron a los equipos rivales a la hora de las ayudas defensivas. La velocidad de Westbrook fue difícil de igualar para los internos rivales, mientras que Harden es más lento pero también más complicado de incomodar por su físico.

De esta manera, tanto Westbrook (31,7) y Harden (29,4) fueron dos de los cuatro máximos anotadores que tuvo la liga por noche, siendo únicamente superados por Bradley Beal (34,4), mientras que Trae Young (30,7) también estuvo por delante de La Barba.

A la vez, como era de esperarse, pasó de tener un juego de cortinas icónico a ser el equipo con menor cantidad de acciones de pick-and-roll de la liga. Cuando ejecutó esta acción en pocas ocasiones, como el físico lo desfavorece, lo hizo con una marcada intención para hacer colapsar la diferencia hacia el interior y luego enviar la pelota hacia fuera en la búsqueda de un triple.

Por fuera del par, Robert Covington (12,8), Eric Gordon (10,8) y Jeff Green (10,4) también tuvieron dobles dígitos en anotación. Por su parte, Danuel House Jr (9,1), Austin Rivers (7,8) y Ben McLemore (7,5) también integraron el listado de jugadores que anotó al menos un 1,5 de triples por noche.

En términos colectivos, Houston pasó a tener la séptima ofensiva más anotadora (115,7) y la más triplera (15,9 por noche), aunque también la tercera con menor cantidad de asistencias (21,0).

Defensa

Foto: Getty Images.

Si bien la franquicia estuvo lejos de tener la mejor defensa de la liga, organizó un buen trabajo defensivo tanto individual como colectivo. Así, tuvo el 14° mejor rating defensivo desde el 6 de enero, con 111,2 puntos cedidos cada 100 posesiones, registrando mejores números que otros potenciales clasificados a la postemporada como Heat (111,4), Thunder (111,5), Sixers (112,7), Magic (114,3), Nuggets (114,5) y Jazz (114,5).

La organización ya sabía que iba a ser el equipo con mayor registro de triples, como también que iba a presentar el quinteto más bajo. Por esto, a la hora de iniciar la defensa la extendió en pos de negar el lanzamiento externo e invitó a sus rivales a atacar la pintura, sobre todo a través de pick-and-rolls.

Esto fue, efectivamente, una trampa. Lejos del matchup tradicional, Mike D’Antoni plantó una defensa zonal 1-2-2, con las dos líneas pares extendidas hacia los costados de los tres puntos. Westbrook o Harden tomó al jugador con pelota, el restante de ellos dos y House/Rivers formó un dúo en la línea intermedia, mientras que en las esquinas se posicionó al binomio que realmente lideró el marcaje: Covington-Tucker.

Tucker asumió la responsabilidad de ser constantemente asignado al pívot, cediendo altura, pero aprovechando su peso para desplegar un buen marcaje. Desde el arribo de RoCo, fue el 15° mejor defensor de la liga al que le hayan intentado un mínimo 100 tiros, bajando el goleo de cual rival le tocó a un 40,3%, ubicándose por delante de candidatos a D-POY como Rudy Gobert (40,5%), Bam Adebayo (42,0%) y Anthony Davis (42,5%).

Por su parte, Covington fue un jugador realmente eficiente en las ayudas y el mejor jugador que no pívot en tapas, con 35 bloqueos colocados en el lapso (2,5 por noche), posicionándose solo por detrás de Hassan Whiteside (42) y Myles Turner (41) en la tabla general. Además, a diferencia de los dos mejores, registró 15 robos (1,1 por noche).

A su vez, la segunda línea también hizo un buen trabajo para ayudar en este sentido. Harden llegó a defender a los pivotes cuando jugó acompañado de mayoría de suplentes, mientras que DeMarre Carroll y Jeff Green fueron los principales encargados del trabajo del dúo ‘interno’.

El punto débil

Foto: Getty Images.

Houston forjó una de las defensas más versátiles e inteligentes… cuando no hubo rebote de por medio. Su falta de altura lo llevó a perder constantemente la batalla en los tableros, lo que quedó evidenciado en la misma noche de la victoria sobre Boston. Primero, Brown agarró un rebote ofensivo para igualar el partido y enviarlo a OT. Luego, en la última posesión del juego, el escolta falló un tiro y Theis agarró la pelota, pero no pudo sacar su tiro a tiempo.

A la hora de los números, siempre hablando desde el 6 de febrero, Houston fue el octavo peor en puntos cedidos tras un rebote ofensivo rival (13,7 por noche), y el tercero peor de los potenciales clasificados a los Playoffs, siendo superado por los mismos Celtics (15,2) y el Thunder (14,3). Además, fue el octavo que más cedió en transición (15,9), el quinto que más recibió en la pintura (52,4) y el 13° al que más le anotaron tras pérdidas (17,5).

Así, como su defensa no termina de ser completamente efectiva, Houston generó una dependencia ofensiva colectiva. Esto será difícil de afrontar a la hora de los Playoffs, cuando la rotación se acorte, los jugadores promedien más minutos, tengan un cansancio mayor y estén en un marco de presión significativo.

Conclusión

Foto: USA Today Sports.

Entre el traspaso de Capela y la suspensión de la temporada hubo 33 días como también 14 partidos, lo que equivale a un 17% de una fase regular normal de 82 partidos. En este pequeño lapso, Houston encontró más respuestas de las que esperaba, aunque menos resultados que los deseaba, manteniéndose apenas por arriba del 50% de las victorias.

Considerando que es un estilo totalmente nuevo y arriesgado, el nuevo sistema de juego de los Rockets está aprobado con una nota pasable (un 7-7,5 en la típica escala del 1 al 10). La idea no llegó con una improvisación defensiva, ya que consideró los puntos débiles lógicos (falta de altura; abuso del ataque de interiores) y los manejó con buenas ayudas como atrapes en el poste bajo.

El lapso de 17 partidos restantes podría haber servido como afianzamiento y búsqueda de más respuestas en pos de encontrar la mejor forma de cara a los Playoffs.

Más allá de lo que ocurra con la 2019-20, una hipotética primera ronda con los Denver Nuggets hubiese servido para medir cómo reaccionaba el equipo ante un par interno complicado (Millsap es letal desde corta y media distancia; Jokic tiene muchísimas herramientas entre las cuales destaca su triple), además de enfrentar al cuarto equipo más alto de la temporada (promedio de 2,01 mts).

De cara a la próxima agencia libre, la urgencia pasará por renovar a dos jugadores para la rotación como DeMarre Carroll y Jeff Green, mientras que un objetivo podría ser sumar un interior tirador que ayude a compensar la falta de altura.