La franquicia texana no jugó al nivel esperado y estuvo lejos de meterse nuevamente en los Playoffs, pero mostró algunos puntos positivos en el camino del reordenamiento.

Cuando un equipo pierde al mejor jugador de su historia, o al menos a uno de los mejores, pasa unos años hasta que logra reacomodarse a la pérdida. Le sucedió a los Bulls con Michael Jordan; a los Lakers con Magic Johnson, Shaquille O’Neal y Kobe Bryant; A los Celtics con Bill Russell, Larry Bird y Paul Pierce; y en este momento quien lo sufre es San Antonio, tras la salida del tridente de Tim Duncan, Manu Ginóbili y Tony Parker, además de la partida conflictiva de Kawhi Leonard.

A diferencia de los otros equipos, los texanos tuvieron la alegría de participar de los Playoffs 2019 tras acceder como séptimos para presentarle una dura batalla a Denver Nuggets, antes de ser marginado en siete juegos. Sin embargo, a falta de poco más de 17 partidos para cerrar la temporada 19-20, que fue suspendida hasta nuevo aviso por el Coronavirus, no estuvo en los parámetros esperados, lo que le impediría acceder a su 23° Playoffs consecutiva, lo que sería un nuevo récord para la NBA (Philadelphia también había accedido a 22 seguidos y lo había logrado antes que los Spurs).

El equipo de Gregg Popovich pasó de estar acostumbrado a tener una de las defensas más fuertes de la liga, a ser muy permisivo y por ende perder partidos claves para lograr el acceso a la postemporada. El elenco texano tuvo la séptima defensa más frágil de la liga, registrando un defensive rating de 112,8 puntos cedidos cada 100 posesiones. Ninguno de los equipos que acabaron en puestos clasificatorios estuvo por debajo de los Spurs, aunque los Blazers fueron uno de los que terminaron por encima de los de San Antonio y tuvieron una peor marca (113,6).

El otro punto significativo no es que San Antonio haya perdido contra los mejores equipos de la liga, porque de hecho compitió y hasta se dio el lujo de vapulear a los Milwaukee Bucks en casa. Sino que falló a la hora de hacer valer su nivel ante rivales más accesibles como Cleveland Cavaliers, Atlanta Hawks (le ganó en San Antonio por primera vez desde 1997), Chicago Bulls, Phoenix Suns y/o Detroit Pistons.

A diferencia de otras campañas, Pop tardó y hasta jamás terminó de encontrar el balance en la rotación. Los aportes de Bryn Forbes y Marco Belinelli a la hora del marcaje fueron básicamente nulos, mientras que jugadores de buen nivel como Lonnie Walker IV y Jakob Poeltl tardaron en tener chances para demostrar sus respectivos impactos en ambos lados de la cancha.

En ataque, LaMarcus Aldridge no fue la segunda arma ofensiva que se esperaba (18,9 puntos por partido, su peor marca en los últimos tres años), lo que limitó el juego ofensivo de DeMar DeRozan desde media distancia. A su vez, el goleo externo brilló por su ausencia, con apenas 10,7 aciertos por partido para ser el quinto peor en el rubro, lo que lo llevó a ser el tercero con menos lanzamientos tomados en una liga extremadamente goleadora desde lejos. Patty Mills fue el más balanceado en estos tres factores (2,3 triples por encuentro; mayor impacto defensivo en el marcaje perimetral; y el mejor jugador de la segunda línea del equipo).

Sin embargo, no todas fueron malas. A la espera de lo que pueda suceder con la campaña, el regreso de Dejounte Murray fue importantísimo, con picos en rendimiento defensivo (1,7 robos por encuentro), aunque todavía con un impacto por lograr en ataque. Por su parte, Derrick White logró mantener un promedio de 10,4 puntos, 3,2 rebotes y 3,4 asistencias para acompañar a Mills en el tandem perimetral.

En cuanto a los aleros, DeMar DeRozan fue la certeza, aunque ahora también es la incógnita. El ex Toronto lideró el goleo con 22,2 puntos por partido, pero considera dejar la franquicia ante la falta de competitividad del equipo. Esto sería otro golpe a los movimientos de los texanos, ya que el jugador había llegado desde los Raptors en el movimiento escandaloso de Kawhi Leonard. Si DeRozan decide no hacer uso de su opción de jugador, será agente libre y San Antonio habrá pasado de tener al MVP de las finales 2014 a quedarse con las manos vacías.

Para acompañar a DeRozan en la rotación, Lonnie Walker IV fue de lo mejor que apareció en el equipo. El sophomore (segundo año) supo aprovechar las chances que se le presentaron ante la falta de equilibrio del equipo y tuvo un pico de rendimiento en una victoria ante Houston en la que registró 28 puntos. Además, quedó próximo a ser el titular del equipo ante una eventual salida del máximo anotador.

En el juego interno, Jakob Poeltl también será otro punto en la agenda texana. El austríaco quedará libre si no se le ofrece un contrato, cuando fue el que mejor rindió, por encima de Trey Lyles, que fue mayormente el titular. El europeo acabó promediando 5,3 puntos, 5,3 rebotes, 1,4 tapas y 0,8 robos en 16,6 minutos por encuentro.

A su vez, los jóvenes Keldon Johnson, Chemezie Metu y Luka Samanic tuvieron sus oportunidades, mostrándose como buenas opciones para el reordenamiento del equipo, que lógicamente deberá ir por jugadores que le den orden defensivo, como un mayor impacto ofensivo.