Los Sixers apuntaban a desbancar a los Milwaukee Bucks y ser los mejores del este. Sin embargo, los dirigidos por Brett Brown jamás rindieron al nivel deseado.

No quedan dudas que Milwaukee era el gran candidato a ser el mejor del oeste. Para evitar cualquier tipo de cuestionamiento, el equipo de Mike Budenholzer dio un salto de calidad a la hora de rotar sus piezas, forjando uno de los mejores bancos de suplentes con los arribos de Kyle Korver, Robin López y Marvin Williams para acompañar a George Hill, Ersan Ilyasova, Donte DiVincenzo, Pat Connaughton, Sterling Brown y D.J. Wilson.

No obstante, Philadelphia había arrancado la campaña con el interés de quitarle el cetro del este. La salida de Jimmy Butler generó el espacio salarial que posibilitó el arribo de Al Horford, aunque esto se dio a través de un contrato sobrepago de 109 millones de dólares a cobrar a lo largo de cuatro años (un promedio de 27.250.000 anuales).

La idea de la gerencia de Elton Brand era clara: armar un equipo físico que tenga a Ben Simmons como líder, mientras que el arribo de Horford le podría abrir espacios a Joel Embiid para hacer gala de su capacidad anotadora de media y larga distancia, además de formar un tándem temible en la pintura. Esto, sumado al aporte de un jugador con capacidad de anotador externo y defensor como Tobías Harris complicaría a los rivales en las rotaciones defensivas, dándole al equipo la chance de sacar el máximo provecho de los missmatch (malos emparejamientos).

En cierto punto, todo esta modificación en el plantel fue un acierto. Philadelphia pasó de tener una defensa promedio a ser el sexto mejor equipo en rating defensivo (puntos permitidos cada 100 posesiones) y compartió el quinto lugar como uno de los elencos que menos puntos cede por encuentro (107,4), siendo únicamente superado por Toronto Raptors (106,5), Boston Celtics (106,8), Los Ángeles Lakers (106,9) y Orlando Magic (107,3).

Sin embargo, en contraste con el líder del este -que cedió la misma cantidad de unidades por juego, pero es el mejor de la liga en rating defensivo-, el equipo de Pensilvania no fue el que quiso ser en ataque.

Mientras el combinado del estado de Wisconsin supo sacar provecho de la conducción de Giannis Antetokounmpo y la gran cantidad de tiradores a su alrededor, Ben Simmons sólo tuvo al turco Furkan Korkmaz como único anotador externo fiable a su alrededor. Como si esto fuese poco, tanto Embiid como Horford tuvieron producciones ofensivas menores a las anheladas, con el detalle que el camerunés se perdió 21 de los 65 partidos posibles.

Esto derivó en números lógicos para Philly. El equipo de Brett Brown sacó un gran rédito de su localía en el Wells Fargo Center, ganando 29 de sus 31 encuentros disputados y 15 de ellos de manera consecutiva. El amplio número de festejos incluyó uno ante Los Ángeles Lakers el día anterior a la trágica muerte de Kobe Bryant y los propios Bucks.

No obstante, cuando tuvo que jugar de visitante, la falta de goleo le jugó una mala pasada. El equipo cosechó apenas 10 triunfos en 34 presentaciones, con tan sólo una de ellas ante un rival significativo (Boston Celtics).

A partir de estos números adversos, llegó a la suspensión con el sexto lugar de la conferencia este, compartiendo la posición con Indiana Pacers (39-26), aunque el criterio de desempate por los juegos entre sí favorece al de Nate McMillan.

El otro punto positivo: los jóvenes

Foto: Getty Images.

Philadelphia esperaba que lo mejor del equipo aparezca de sus estrellas, aunque sus jugadores más jóvenes fueron los que acabaron refrescando las oportunidades del equipo.

La máxima aparición fue la de Matisse Thybulle, jugador que fue electo en el 20° puesto del Draft 2019 por Boston, pero por el cual Philadelphia le dio los derechos de Ty Jerome (24) y Carsen Edwards (33).

El formado en la Universidad de Washington arribaba a la liga como una de las máximas promesas defensivas del Draft y estuvo a la altura de las expectativas, trabajando en el tándem perimetral con Ben Simmons para liderar a uno de los equipos que dio el mayor salto de calidad en defensa. Su impacto en el uno contra uno es notable, mientras que también es uno de los mejores que tiene la liga a la hora de la lectura de las líneas de pase. De hecho, acabó con un promedio de 1,4 robos por partido, siendo así Top 25 en el rubro.

Gracias a su impacto defensivo, Philadelphia le empezó a pedir que se vuelva un tirador, lo que terminaría de complementar el trabajo de Ben Simmons en ataque. Acabó con un 35% de efectividad en el rubro, aunque tomando tan sólo dos lanzamientos por encuentro. Sobre este punto trabajará post cuarentena por el Coronavirus.

Por su parte, Shake Milton fue una de las mejores apariciones que tuvo Philly desde que inició el 2020. Ante la falta de anotadores, Brown debió hurgar en el plantel para encontrar el goleo necesario para poder mantenerse en la élite en la liga y encontró un punto altísimo en el joven de 23 años.

Milton no tardó en dar un impacto. Tras tres buenas presentaciones en enero ante Toronto, Los Ángeles Lakers y Golden State, explotó en una derrota ante los Hawks en Atlanta con 27 puntos, seis asistencias y cinco rebotes.

Desde entonces, se volvió un anotador importante, registrando otros 10 partidos con al menos un 50% de goleo externo. Su mejor presentación fue el 1 de marzo, en la derrota ante los Clippers en Los Ángeles, con siete bombazos que derivaron en 39 puntos, su mejor marca de la carrera.

Además, el pívot Norvel Pelle se mostró como una buena opción defensiva ante la baja de Embiid; el escolta Marial Shayok promedió 23,0 puntos en la G-League, teniendo el tercer mayor registro por cualquier jugador en la liga; mientras que el otro escolta, Zhaire Smith, mantuvo un 37,6% de efectividad desde lejos en la Liga de Desarrollo y mostró mejoras en sus ataques al aro. Ellos podrían volverse los jugadores que necesita Brown para la segunda unidad.