Bajas por doquier. Jugadores visiblemente afectados por la muerte de Kobe Bryant. Tributos en la previa, durante y hasta post-partido. Equipos comunicativos de las franquicias trabajando con desgano o hasta evitando el mismo.

El comisionado Adam Silver tomó una de las peores decisiones de su carrera en la NBA, quizá la peor. Cuando se confirmó que la noticia era real, faltaba una hora para el primer duelo del domingo entre Nuggets y Rockets. El máximo dirigente tuvo la chance de sacar un comunicado rápido y tomar una decisión fácil: suspender todos los partidos del día.

Pero Silver tardó en expresarse, y al hacerlo dejó en claro su lado más avaro. El comunicado mostró un gran respeto en las palabras, pero su accionar fue totalmente lo contrario.

Prefirió el morbo de ver jugadores llorando para aumentar los ratings en la TV, que evitar que los mismos jugadores se muestren traumados ante la pérdida de quien fue su primer gran ídolo. Prefirió que haya tributos en los estadios y en la TV, que tomar una actitud a favor de la integridad mental de los jugadores que tanto falsamente profesa.

Prefirió el dinero, en vez de tomar una decisión humana.